En el sector de procesamiento de aceites, la desparafinación es una etapa crítica que afecta directamente la calidad del producto final, especialmente en aceites como el de palma o maní. Para empresas con capacidad productiva limitada (menos de 5 toneladas/hora), la elección incorrecta puede llevar a pérdidas económicas significativas y cumplimiento insuficiente de normativas ambientales.
Existen cuatro métodos principales: método convencional (refrigeración lenta), método con solventes (como hexano), uso de agentes tensioactivos y técnicas combinadas (deshidratación + desparafinación). Cada uno tiene ventajas específicas según el tipo de aceite y volumen de producción:
| Método | Recuperación de parafina (%) | Inversión inicial (USD) | Consumo energético (kWh/kg aceite) |
|---|---|---|---|
| Refrigeración lenta | 60–75% | 5,000 – 15,000 | 0.8 – 1.2 |
| Solventes (hexano) | 80–90% | 20,000 – 50,000 | 1.0 – 1.5 |
| Tensioactivos | 70–85% | 10,000 – 25,000 | 0.6 – 1.0 |
| Combinado (deshidratación + desparafinación) | 75–88% | 15,000 – 35,000 | 0.7 – 1.3 |
Como se observa, los métodos con solventes ofrecen mayor eficiencia en recuperación pero requieren mayores inversiones iniciales y control de seguridad. En cambio, los sistemas con tensioactivos son ideales para plantas pequeñas con necesidades de bajo consumo energético y fácil mantenimiento.
Una planta de aceite de girasol en Argentina (capacidad: 3 t/h) logró reducir costos operativos un 22% al cambiar su sistema de refrigeración lenta por uno con tensioactivos. Mientras tanto, una empresa de aceite de maní en Perú aumentó su rendimiento de parafina del 65% al 82% usando un sistema combinado, sin necesidad de invertir en equipos nuevos.
Estos ejemplos demuestran que no hay una solución única. La clave está en entender tu materia prima (por ejemplo, el punto de fusión del aceite de palma varía entre 30°C y 40°C), tu flujo de producción y tus objetivos de sostenibilidad.