En la industria oleoquímica, la calidad del aceite descerado es fundamental para cumplir con los estándares exigidos por el mercado y garantizar la confianza del cliente. Entre los parámetros críticos que determinan esta calidad se incluyen el punto de turbidez, contenido de cera residual, valor de acidez y estabilidad del color y fluidez. Dominar tanto los métodos de laboratorio como las técnicas rápidas para evaluación en planta se vuelve esencial para la optimización continua del proceso y la gestión eficaz de la producción.
El valor de acidez es un indicador directo del grado de deterioro y oxidación del aceite. Se mide en mg KOH/g y la norma ASTM D664 es la referencia estándar para su evaluación. En laboratorios, se emplea la titulación ácida base con indicadores precisos para determinar la cantidad de ácidos grasos libres presentes.
Para operaciones en planta, existen kits de prueba rápida basados en cambios de color en medios indicativos, que permiten obtener resultados en menos de 15 minutos, facilitando ajustes inmediatos del proceso. Un valor superior a 0.5 mg KOH/g puede indicar la necesidad de revisar temperaturas o filtración.
La estabilidad del color del aceite es un reflejo indirecto de su calidad y frescura. La medición espectrofotométrica en laboratorio, conforme a ASTM D1500, evalúa la tonalidad y posibles contaminaciones. En planta, se recomienda usar la carta estándar de colores y test visuales de comparación periódicos para detectar cambios rápidos.
Una coloración excesivamente amarillenta o marrón puede asociarse con temperaturas de descerado elevadas o filtración inadecuada, afectando la aceptación del consumidor final.
El control de temperatura durante la desceración es vital. Mantener el rango óptimo entre 5–15°C minimiza la formación de cristales grandes que afectan la filtración. La precisión en la filtración, empleando filtros de media fina con capacidad para menos de 10 micrones, asegura la eliminación eficiente de ceras y partículas.
La monitorización continua del valor de acidez permite detectar tendencia a la oxidación, facilitando ajustes en la ventilación y tiempos de conservación antes de su comercialización.
Cuando el valor de acidez se eleva por encima de los umbrales estándar, una causa frecuente suele ser la exposición prolongada a altas temperaturas en el momento del descerado o almacenamiento. Implementar un sistema de control automático con alertas basadas en sensores térmicos puede reducir la incidencia de aceites rancios hasta en un 25%.
En otro caso, un fabricante detectó variaciones en la coloración del aceite por una falta de uniformidad en la filtración. La sustitución por un filtro con mayor precisión y mantenimiento periódico redujo las reclamaciones de calidad en un 30% durante el primer trimestre de implementación.
Adoptar un enfoque de gestión basado en el ciclo PDCA (Planificar, Hacer, Verificar, Actuar) soportado en indicadores precisos como el valor de acidez y estabilidad del color potencia la mejora continua. Se recomienda el uso de software especializado para recopilar datos en tiempo real y generar reportes automatizados, generando desde el campo de producción hasta la gerencia una visión clara del estado del aceite.
Contacte con nuestros especialistas para diseñar un plan personalizado que combine tecnología avanzada de detección con asesoría técnica para mejorar la calidad y competitividad de sus aceites. Explore ahora nuestras soluciones profesionales aquí.